Me gradué como arquitecto en 2006 y, durante mucho tiempo, trabajé de la misma forma que casi todo el mundo: apoyándome en dibujos técnicos que, aunque estaban bien hechos, dejaban demasiadas cosas a la imaginación.
Al principio, yo también cometía el error de pensar que con mostrar unas líneas sobre el papel era suficiente. Pero pronto me di cuenta de que, para el cliente, esas líneas en el plano no significaban nada. Sentía esa desconexión: yo veía el espacio perfectamente en mi cabeza, pero tú te quedabas con la duda de si ese proyecto era realmente el que soñabas o si todo aquello se podría construir tal cual. Esa sensación de no ofrecer una claridad absoluta a quien confía en mí fue lo que me hizo cambiar. Decidí que no quería volver a proyectar nada que generara incertidumbre.
Por eso hoy, mi metodología es completamente distinta. He unido los modelos tridimensionales con información digital (BIM) y la visualización arquitectónica avanzada; y lo he hecho no por el simple hecho de usar tecnología, sino para que puedas ver, entender y habitar tu proyecto mucho antes de que sea real.
Mi estándar hoy es simple: darte la tranquilidad de que lo que hemos diseñado es exactamente lo que necesitas, con la seguridad técnica de que cada detalle encaja en la realidad. Prefiero dedicarle tiempo a la calidad y al equilibrio de tu idea que a acumular proyectos a medias, porque al final, lo que busco es que decidas sobre seguro.